El buceo recreativo, técnico o profesional exige no solo una preparación adecuada, sino también condiciones físicas y mentales óptimas. Entre los factores que pueden comprometer seriamente la seguridad bajo el agua, el consumo de alcohol ocupa un lugar destacado. Aunque pueda parecer inofensivo disfrutar de una copa la noche anterior a una inmersión, la realidad científica y médica advierte que incluso cantidades moderadas de alcohol pueden aumentar los riesgos asociados al buceo, desde errores de juicio hasta enfermedades potencialmente graves como la enfermedad descompresiva.

1. El alcohol y el cuerpo del buzo: una combinación conflictiva

 

El alcohol es una sustancia psicoactiva que afecta múltiples funciones fisiológicas. Uno de los efectos más relevantes en el contexto del buceo es su capacidad para alterar el juicio, disminuir los reflejos y reducir la coordinación motora. Estas capacidades son esenciales durante una inmersión, donde la toma de decisiones rápidas y precisas puede marcar la diferencia entre un buceo seguro y un accidente.

Además, el alcohol tiene un efecto vasodilatador, lo que significa que ensancha los vasos sanguíneos, promoviendo una mayor pérdida de calor corporal. En aguas frías, esto incrementa el riesgo de hipotermia. También es un diurético, lo que lleva a una mayor producción de orina y, en consecuencia, a una deshidratación más rápida. La deshidratación, a su vez, es uno de los factores que se asocia con un mayor riesgo de enfermedad descompresiva (DCS, por sus siglas en inglés).

2. Alcohol y enfermedad descompresiva: una relación subestimada

 

La enfermedad descompresiva se produce cuando las burbujas de gas (principalmente nitrógeno) se forman en los tejidos o en la sangre durante el ascenso, por una descompresión inadecuada. Uno de los factores que agrava este riesgo es la deshidratación, ya que reduce el volumen de plasma sanguíneo y dificulta la eliminación del nitrógeno disuelto.

El alcohol, al promover la deshidratación, actúa como un facilitador indirecto de la DCS. También puede comprometer la capacidad del cuerpo para eliminar eficientemente los gases inertes, al afectar funciones hepáticas y renales. Aunque aún se requiere más investigación específica en buceadores, varios estudios apuntan a que el alcohol puede ser un factor de riesgo predisponente, especialmente cuando se consume en las 24 horas anteriores a una inmersión.

3. Narcosis por nitrógeno y alcohol: efectos que se potencian

 

La narcosis por nitrógeno, conocida como «embriaguez de las profundidades», es un estado alterado de conciencia que se presenta a profundidades superiores a los 30 metros. Sus efectos incluyen euforia, juicio deteriorado, torpeza y una falsa sensación de seguridad.

Estos síntomas son sorprendentemente similares a los efectos de una intoxicación etílica leve o moderada. Si un buzo ha ingerido alcohol antes de una inmersión, podría confundir los signos de la narcosis con un estado residual de embriaguez, o viceversa. Esta confusión puede dificultar la reacción apropiada y poner en peligro al buzo y a su compañero.

4. Vómitos, mareos y ascensos descontrolados: otros riesgos asociados

 

El consumo de alcohol puede provocar náuseas, vómitos y malestar gastrointestinal incluso horas después de haber bebido. En un entorno subacuático, estas molestias se convierten en peligros reales. Un vómito bajo el agua puede provocar pánico, pérdida del regulador, aspiración de agua e incluso un ascenso incontrolado, lo que incrementa considerablemente el riesgo de barotrauma o enfermedad descompresiva.

Además, la resaca, con su clásico cuadro de cefalea, fatiga, visión borrosa y disminución de la concentración, también reduce notablemente la capacidad del buzo para tomar decisiones acertadas y seguir los protocolos con precisión.

Conclusión: responsabilidad y prevención antes de sumergirse

 

Los efectos del alcohol no se limitan al momento de su consumo. Incluso si el buzo se siente “bien” al día siguiente, los efectos fisiológicos pueden persistir e interferir con la seguridad de la inmersión. Por eso, tanto los expertos en medicina hiperbárica como las principales agencias certificadoras de buceo recomiendan evitar el consumo de alcohol al menos 12 a 24 horas antes de una inmersión.

El buceo seguro empieza mucho antes de entrar al agua. Elegir no consumir alcohol antes de una inmersión no es solo una decisión responsable: es un acto de respeto por la propia vida y por la de los compañeros de buceo.

Miguel Angel García (PADI MSDT)

 


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